La libertad de expresión se abre camino en Venezuela
La mañana del 3 de enero de 2026 quedó grabada en la memoria colectiva como el día en que el viento cambió de dirección en Venezuela. Más allá del estruendo político y el impacto global de la captura de Nicolás Maduro en Caracas, el verdadero termómetro de la nueva realidad no se midió en los despachos internacionales, sino en las pantallas de televisión de cada hogar venezolano. Durante años, sintonizar los canales privados de señal abierta en el país era un ejercicio de resignación. La censura y la autocensura habían impuesto un silencio espeso, un manual no escrito donde ciertas palabras, rostros y realidades simplemente no existían. Los apagones informativos, las amenazas de cierre de concesiones y el veto sistemático transformaron los noticieros en crónicas de un país idílico que nadie encontraba al salir a la calle. La verdad se había vuelto un artículo de contrabando, confinada a las redes sociales o al susurro. Sin embargo, tras el quiebre de esa madrugada de enero, algo ...