Una alianza con delincuentes en Venezuela confirma el desprestigio de Donald Trump
El reloj marcaba pasado el mediodía en Washington cuando Gustavo Coronel posó los dedos sobre el teclado. A su edad, al resguardo de las ambiciones que suelen encandilar a la política y con la tranquilidad que otorga el pan garantizado, el veterano analista petrolero no buscaba complacer a nadie. Solo le restaba escribir con la libertad del que piensa con el alma.
El texto que comenzó a plasmar no tardaría en publicarse en el portal Análisis Libre Internacional bajo un título sin contemplaciones: «Una alianza con delincuentes en Venezuela confirma el desprestigio de Donald Trump».
La chispa que encendió la pluma de Coronel fue la noticia de una supuesta entente petrolera gestada en los pasillos del poder. Según la denuncia, la administración estadounidense pretendía formalizar un acuerdo con el régimen de Delcy Rodríguez. El trato otorgaría a una firma denominada North American Blue Energy Partners (NABEP) el control exclusivo sobre unos 65.000 millones de barriles de crudo en el subsuelo venezolano. Las cifras bailaban entre los 100 años anunciados por Washington y los 25 defendidos por el oficialismo en Caracas, pero para Coronel esa disparidad era una minucia frente al fondo del asunto. Lo que en el papel se presentaba como una eventual liberación democrática, a sus ojos se reducía a un despojo orquestado sobre un país exhausto.
A través de cinco puntos tajantes, el análisis diseccionó la propuesta:
- La contradicción diplomática: Resultaba incoherente que Washington pretendiera negociar con una cúpula a la que su propio Departamento de Estado calificaba de ilegítima y mantenía bajo severas sanciones internacionales.
- El monólogo del poder: Con la presencia armada y la presión estadounidense sobre Venezuela, Coronel afirmaba que no existía una negociación entre dos partes soberanas, sino un ejercicio de imposición unilateral donde una sola voz fijaba las reglas.
- La violación constitucional: El pacto pretendía consumarse a espaldas del pueblo venezolano y sin la aprobación de un poder legislativo legítimo, pasando por alto las leyes fundamentales del país.
- Un empeño generacional: Comprometer los recursos energéticos por un siglo equivalía a hipotecar de manera irresponsable el futuro de varias generaciones de venezolanos.
- Socios impresentables: El señalamiento más severo apuntaba a la estructura de la empresa beneficiaria, catalogada como una entidad mixta vinculada a prófugos de la justicia y a estamentos de las fuerzas armadas, algo que el autor calificaba como una mancha ética inaceptable.
Más allá del entramado jurídico y financiero, la crónica de Coronel derivó en una reflexión sobre el estado moral de la nación. Reconoció la cruda realidad del ciudadano de a pie, atrapado en las urgencias primarias que dictaba el estómago vacío tras años de privaciones. Comprendía por qué muchos pedían «calma y cordura» o preferían debatir los detalles técnicos del proyecto antes que rechazarlo de plano. Sin embargo, su advertencia fue categórica: sentarse a discutir los pormenores técnicos de un acuerdo inmoral significaba aceptar la derrota por adelantado.
Para el autor, aceptar un trato nacido del chantaje y la necesidad alimentaria no era una salida, sino una condena a la servidumbre. El artículo concluyó como un llamado urgente a recuperar la dignidad: la verdadera grandeza de un país no reside en sus reservas de crudo ni en estatuas doradas, sino en la entereza de sus principios.
Comentarios